Desde Algora, como en aquel eclipse de 1905 en el que astrónomos españoles se reunieron en las cercanías de Alcolea del Pinar, a muy pocos kilómetros de aquí, ayer nos juntamos unos cuantos para contemplar el acontecimiento.
Y como nosotros, medio país. Bueno, medio país no: todo aquel que tuvo la fortuna de encontrarse dentro de la franja desde la que podía contemplarse.

Dicen los expertos que un eclipse total de Sol es un acontecimiento excepcional por las pocas veces que tenemos ocasión de verlo desde un mismo lugar. Desde luego, ciento veintiún años después del último que atravesó estas tierras, para nosotros lo era.
Durante un par de horas, miles de personas parecimos abstraernos del resto del mundo. Por un momento no había noticias, ni prisas ni demasiadas cosas más importantes. Solo mirar al sol.
Aunque quizá lo estábamos entendiendo al revés. No éramos nosotros los que mirábamos al Sol. Era el Sol quien nos estaba mirando.

Desde allí arriba jugaba con nosotros, escondiéndose poco a poco detrás de la Luna, muy despacio, primero apenas un mordisco. Después otro. Y otro. Hasta desaparecer completamente y dejarnos durante noventa segundos a oscuras. Ahí teníamos el acontecimiento fugaz.
Entonces empezó lo más importante, sacó las manos por detrás de la Luna. Primero una pequeña luz, después algo más, y poco a poco volvió a asomarse, descubriendo de nuevo su cara mientras todos seguíamos allí abajo, pendientes de él. El espectáculo no había terminado.

Todavía le quedaba una última escena, para mi la más espectacular, Como en el final de una película, mientras iba recuperando su cara frente a nosotros fue descendiendo sin darnos casi cuenta hacia el horizonte hasta esconderse otra vez.
Esta vez no detrás de la Luna. Esta vez detrás de la tierra. Como diciéndonos a todos, “hasta mañana”. Y ahí sí, nos dejó boquiabiertos. Ahora había terminado.

Y, efectivamente, esta mañana ha vuelto a aparecer por el otro extremo del mundo. El mismo Sol. El espectáculo de siempre. “Buenos días” nos dice.
Amanece.
¿Quién mira a quién?

Un lujo maravilloso que compartimos con vosotros. Gracias mil