La segunda entrada de este cordel, Correr es de cobardes, la escribí cuando apenas llevaba ocho meses corriendo. He preferido conservarla prácticamente tal y como la hice porque refleja exactamente lo que pensaba entonces, con la ilusión, las sorpresas y la ingenuidad de quien, acababa de descubrir un deporte que jamás imaginó que acabaría formando parte de su vida.
Estas son mis notas de entonces:
Tras una lesión en el codo en 2021, de la que no terminé de recuperarme hasta bien entrado el verano del año siguiente, dejé durante ese largo periodo cualquier práctica deportiva.
La verdad es que siempre me ha gustado hacer deporte. A lo largo de mi vida he practicado fútbol, tenis, bicicleta o pádel con mayor o menor intensidad, pero en aquel momento únicamente jugaba al pádel una o dos veces por semana… hasta que también tuve que dejarlo por la lesión.
En junio de 2022 decidí empezar a correr.
Desde que salí del colegio no había hecho nada parecido al atletismo. Es más, siempre había pensado, al ver correr a otras personas, que era un deporte aburrido. Nunca me había imaginado haciendo algo así.

Una mañana, a las siete, antes de prepararme para ir a trabajar, hice mi primer intento. Corrí dos tandas de apenas cien metros y regresé a casa completamente derrotado, acompañado de mi perro, que seguramente tampoco entendía qué acababa de pasar.
Durante todo aquel verano fui progresando muy poco a poco. Me marqué como objetivo terminar la carrera de La Cuesta del Tirón y, para mi sorpresa, lo conseguí. Pude decir aquello de finisher. Ahí es nada.
En noviembre me apunté al club ACTIVA.T Sports, dirigido por Paloma Lahoz. Desde entonces siento que empecé a comprender realmente este deporte. Descubrí que correr es mucho más que salir a hacer kilómetros. Detrás hay técnica, fuerza, elasticidad, equilibrio, coordinación… y cientos de ejercicios diferentes. También llegaron algunas pequeñas lesiones de adaptación, aunque, afortunadamente, con recuperaciones sorprendentemente rápidas.
Es cierto que no se pueden hacer milagros con un cuerpo de 58 años y sin haber corrido nunca de verdad. Pero veía cómo los entrenamientos empezaban a dar resultado. En apenas unos meses había conseguido terminar nueve carreras de más de diez kilómetros, cuatro de ellas trail de montaña. ¡Quién me iba a decir un año antes que acabaría enganchándome de esta manera!

Además, durante estos ocho meses encontré algo que no esperaba: un grupo de buenos amigos con los que compartir entrenamientos, aprender un deporte completamente nuevo para mí y, sobre todo, disfrutar en compañía de personas que hacen que todo sea mucho más fácil.
Así que puedo decir que aquel viejo refrán tenía razón: nunca es tarde si la dicha es buena.
¿El siguiente objetivo? Volver a La Cuesta del Tirón en 2023 y, al menos, tres trails más antes de terminar el año.

Hoy, varios años y cuarenta y una carreras después, sonrío al releer estas líneas. Muchas cosas han cambiado, pero la ilusión con la que empecé a correr sigue siendo exactamente la misma.
Seguiremos desempolvando las anteriores y describiendo los sentimientos al correr nuevamente.
