La Peña Pepinillos es una de esas peñas de las fiestas de San Roque y la Virgen de la Mayor de Sigüenza que ya tienen una larga historia a sus espaldas. Más de cincuenta años dan para mucho y algún día habrá que tirar de ese hilo, volver a los orígenes y recordar personas, historias y unas cuantas aventuras.


Pero esa será otra crónica.
Mi relación con los Pepinillos viene de bastante antes de que yo mismo fuera uno de ellos. La pandilla de mis hermanos mayores estuvo entre quienes pusieron en marcha la peña y yo era todavía un chaval que ni siquiera salía por las noches. Contemplaba aquel mundo desde fuera, aunque año tras año se fue creando un vínculo mucho antes de que pudiera considerarme realmente un Pepinillo.
Creo que fue en 1984 cuando nos apuntamos por primera vez un pequeño grupo de amigos, creo sin dejarme a nadie, Gusi, José C. Alfonso C, Alberto A. Fran y yo. Los dos años siguientes se incorporaron todos los demás amigos de nuestra pandilla.
Y entonces llegaron los años de disfrutar.
Años de fiestas, verbenas en la plaza de la Peña, plaza de la Casa de El Doncel, noches interminables y también unas cuantas locuras que se quedan en el anonimato, trasnochadas hasta el caldo de El Trope y a los toros, encierro en la plaza, desayunos después con huevos fritos y vuelta empezar tras echar una cabezadita en casa.
Después vinieron otros tiempos y otras generaciones. Durante una etapa nuestro grupo de amigos dejó de apuntarse. Nos alejamos de la vida cotidiana de la Peña, no de las fiestas, aunque creo que nunca desapareció del todo ese sentimiento de seguir siendo Pepinillo.
Tuvo que llegar el 50 aniversario en el 2022 para que decidiéramos volver a apuntarnos juntos.
Y desde entonces hemos seguido haciéndolo.
Este año mis ocupaciones me han permitido participar desde el viernes por la tarde. Tiempo suficiente para volver a disfrutar de la fiesta y el ambiente, y de los Pepiritivos, el grupo que, día tras día, se encarga de preparar los aperitivos antes de la comida para que los demás podamos llegar, sentarnos, charlar y disfrutar.
Quince Pepinillos que durante estos días dedican una parte de sus fiestas, a trabajar para los demás. Hay que pensar qué se prepara, organizarse, comprar, cocinar, servir y después recoger. Y al día siguiente, volver a empezar. Todo ello con esfuerzo, trabajo y, sobre todo, buen humor.
El sábado: quesos variados, chipirones a la plancha, gambones a la plancha y solomillo de cerdo con cebolla caramelizada.


El domingo: quesos, tartar, pincho de morcilla a la plancha con pimientos, torera con anchoa, aceituna y pepinillo, y magret de pato.
No está mal para algo que seguimos llamando, con modestia, el aperitivo. Y seguramente el menú sea lo de menos. Lo importante ocurre un poco antes. Mientras unos vamos llegando, saludándonos, tomando un vino o una caña, y preparándonos para sentarnos a la mesa, hay otros que llevan ya un buen rato trabajando para que todo esté preparado.
La fiesta simplemente sucede. Llegas y todo funciona. Detrás de las cañas y los vinos, los pinchos y banderillas, estaban ellos los Pepiritivos: Nico, Javi, Antonio, Arantxa, Campe, Nieves, Manolo, Cidu, Eva, Inma, Isa, Nerea, Mary, Maritere y Javier. Espero no dejarme a nadie.
Quince personas haciendo algo tan importante, como dedicar una parte de su tiempo a que los demás disfrutemos un poco más de nuestras fiestas.
Desde mi pequeño rincón de ¡Sigue la cuerda…!, este es mi reconocimiento que sirve para mi recuerdo, esa solo es mi aspiración.
Porque las fiestas se hacen entre todos.
Pero algunos, además, se ponen el delantal. Un aplauso por todos ellos, pediría.
