Luis Montalvo presentó ayer en la iglesia de Santiago, en Sigüenza, una interesante visión sobre los eclipses reflejados en la cultura: un paseo por la historia de la astronomía y del arte.

Podría empezar este relato por Babilonia, donde se definieron las doce constelaciones del zodiaco; continuar por la antigua Grecia, con Tales de Mileto, que afirmó que la luz de la Luna no era propia, sino reflejada del Sol, o con Anaxágoras, que explicó los eclipses solares y lunares a partir de la posición relativa del Sol, la Tierra y la Luna. Podría seguir recorriendo toda la cronología histórica y muchos de los detalles que fue desgranando durante la conferencia, pero no quiero centrarme en ello. Eso se lo dejo a él, que lo hace infinitamente mejor que yo.
Sí puedo decir que la relación que estableció entre ciencia y arte me pareció singular, original y, sobre todo, muy didáctica. Nos habló de la evolución de la pintura, desde las representaciones planas y estáticas hasta la aparición de la perspectiva, el color, el movimiento y la profundidad. Y todo ello con un denominador común en las obras que fue mostrando: el eclipse.
Fue dejando pinceladas de ciencia mientras dibujaba la evolución del arte desde el estrado, deteniéndose en pequeños detalles especialmente atractivos y enlazándolos con orden y buen gusto. Tengo entendido que repetirá esta conferencia el 1 de agosto en Alcolea del Pinar y no puedo hacer otra cosa que recomendarla a quien no haya tenido oportunidad de escucharla. Porque, aunque a alguien no le apasionen especialmente ni la astronomía ni la pintura —que puede ocurrir—, estoy convencido de que despertará su curiosidad y encontrará algún motivo para disfrutarla
Sí quiero detenerme en un hecho anecdótico que, por cercanía, me resulta especialmente interesante. El último eclipse total de Sol visible desde la península ibérica tuvo lugar el 30 de agosto de 1905 y pudo observarse desde una franja diagonal que cruzaba España desde Galicia hasta Alicante, muy similar, al parecer, a la que recorrerá el eclipse del 12 de agosto de este año.
En ese momento apareció una figura que me llamó especialmente la atención: Isabel Muñoz Caravaca. Desarrolló una intensa labor pedagógica, reflejada en obras como Principios de Aritmética y Elementos de la teoría del solfeo. Fundó una Escuela Nocturna para Adultos donde impartía clases y preparaba a jóvenes de Atienza para ingresar en la Escuela Normal de Magisterio.

Pero, además, Isabel dedicó parte de su vida a la astronomía. Instaló un telescopio en su domicilio de Atienza y llegó a ser admitida en la Sociedad Astronómica de Francia. En agosto de 1905 fue la anfitriona de Camille Flammarion, que se desplazó hasta Almazán (Soria) para observar el eclipse de Sol. Flammarion había fundado en 1887 la Sociedad Astronómica de Francia y fue su primer presidente. Al parecer, aquel día el cielo permaneció cubierto en Almazán y no pudieron contemplar el fenómeno con el detalle que esperaban.
Sin embargo, en Sigüenza sí quedó constancia del acontecimiento gracias a una fotografía que Luis nos mostró durante la conferencia. En ella aparecen vecinos de la ciudad observando el eclipse con enorme expectación. Una fotografía realmente espectacular, obra de Alonso.
Eduardo Palacio-Valdés escribió en La Región lo que ocurrió durante la totalidad en Sigüenza: al desaparecer el Sol descendió bruscamente la sensación térmica, las aves bajaron alteradas y aquella enorme multitud quedó en silencio. Cuando reapareció el Sol, estalló el aplauso.

Ese mismo día, en las cercanías de Alcolea del Pinar, científicos, periodistas y curiosos se reunieron con el mismo propósito. Entre ellos se encontraba el pintor Enrique Simonet. Luis proyectó entonces un cuadro con un paisaje castellano presidido por un cerro sobre el que destacaba el eclipse. Aquel perfil me resultó inmediatamente familiar y, cuando preguntó si alguien reconocía el lugar, aventuré que podría tratarse del cerro de Algora. Allí quedó la duda. Tengo que admitir que, a pesar de las evidentes similitudes, después de comprobarlo sobre el terreno he llegado a la conclusión de que mi suposición no era correcta. Aunque recientemente bajando desde Sauca por la autovía hacia Torremocha he vuelto a ver esta vista del cerro, que me vuelve a crear todas las dudas ¿y si fue desde aquí donde tomó sus notas Simonet?

Antes de comenzar la conferencia fue presentado como astrofísico y divulgador. Yo tengo la suerte de haber convivido con él durante muchos años y puedo asegurar que, mucho antes de convertirse en astrofísico, ya era un magnífico divulgador. Dormíamos, leíamos, escuchábamos la radio y estudiábamos en la misma habitación. Muchas lecciones como la de ayer las recibí, de una forma u otra, espontáneamente en la intimidad de casa. Siempre he aprendido mucho a su lado.
No lo había dicho hasta ahora, pero quizá ya resultaba evidente: puedo presumir de hermano.
