La verbena de los Pepinillos se organizaba desde la propia Peña y llegó a convertirse en uno de esos momentos esperados de las fiestas. Y no solo por nosotros. Peñistas de otras peñas, La Rampa, El Tropezón, El Tronco, El Mendrugo… esperaban aquellas noches para acercarse, vivirlas, bailarlas y compartirlas con los Pepinillos con un vaso de sangría en la mano o aquellos cubatas en vaso de plástico.
Creo recordar que el primer grupo fue Azimut una banda que vino de fuera, creo que de Guadalajara, con versiones de Los Brincos, Los Bravos y tantos otros. Después comenzó a fraguarse algo que acabaría convirtiéndose en uno de los sellos de identidad de nuestra verbena: la música la harían los propios Pepinillos.
Subidos al remolque de un tractor, convertido para la ocasión en escenario, aparecieron durante muchos años los integrantes de Bodhrán, si la memoria no nos falla con el nombre o Muérdago: El Oso al violín, Javier Bernal a la batería, Chavi Azpeitia a la voz y Quino al bajo. A veces se incorporaba Graboto, primo del Oso, con la flauta, la gaita y otros instrumentos, y también un guitarrista que estudiaba en el Chamberí con mi hermano Miguel y cuyo nombre seguimos intentando recuperar, creo que le llamaban Nano. Algunos años se incorporó a la banda otro músico más, no recuerdo su nombre, con diferentes instrumentos de cuerda, destacando por el sonido de su banjo y algunos otros, una bandolina o similar.

Aquella mezcla de instrumentos ya decía bastante de lo que eran sus verbenas: violín, bajo, batería, guitarra, flauta, gaita… Sueños diabólicos de Labanda; Benoît de Gwendal; El bus o No me gusta el rock de la Romántica Banda Local.
Canciones que fueron haciéndose también un poco nuestras. Algunas se repitieron año tras año hasta dejar casi de pertenecer al grupo que las había creado para convertirse, sencillamente, en canciones de la verbena de los Pepinillos.
Y, sobre todo, había ganas de hacer música desde la propia Peña para cualquiera que quisiera acercarse a pasar un buen rato de música y baile.
Con el tiempo pasaron el testigo a otra formación especialmente querida por nosotros. Esta vez eran los nuestros, nuestra pandilla, nuestros amigos más directos. No tenía nombre la banda, según me cuenta Chema “le llamábamos medio en coña la orquesta Madelón, por una escena de Tip y Coll”.

La integraban los hermanos Javier, al bajo, y Germán Sánchez a la batería; la insuperable guitarra de nuestro querido Nachete López-Cortijo (no necesitaba presentación y siempre ahora con nosotros) y Álvaro Juste o Gusi Bastos a la voz, según el momento y el año. También colaboraban Laura y Bea, Sanchez ambas, que aportaban su toque de coreografía al conjunto con un par de canciones Objetivo Birmania.
Recogieron parte de aquel repertorio que ya se había hecho tradicional, incluidas esas canciones de la Romántica Banda Local que para los Pepinillos eran ya casi himnos, y fueron incorporando sus propias propuestas: Juana la Loca, Luces de neón, de Sabina, Romeo and Juliet, de Dire Straits, temas de The Corrs y tantos otros.
Y seguía, por supuesto, No me gusta el rock de la Romántica Banda Local, que empalmaban magistralmente con Sábado a la noche, de Morís.

En alguna ocasión se incorporó al grupo otro artista nuestro, Chema Bastos con su guitarra irrenunciable y de amplio registro de géneros.
Un año personalmente, tuve además la fortuna de participar gracias a la invitación de Nacho para colaborar con ellos. Me subí a cantar Cadillac solitario de Loquillo.
Y por unos minutos, dejé de estar abajo, entre el público, para estar allí arriba con mis amigos, cantando aquello de “Y ahora estoy aquí sentado, en un viejo…”
Luego tocaron como los Comisarios, con Miguelillo, Nacho, y los Sánchez incorporando nuevas versiones de música anglosajona del momento, manteniendo versiones marca pepinillos.

Pero durante tantos años hubo también colaboraciones y otras formaciones que se fueron asomando al escenario de los Pepinillos. Entre ellas, una pequeña banda sin nombre oficial formada por Pablo Oriol al bajo, Antonio Muñoz a la guitarra y voz, Ferodo a la batería y, para mi sorpresa al documentarme ahora, mi amigo Juan Hidalgo como cantante. Según me cuenta él mismo, tocaron durante un par de años, con un repertorio muy reducido.
Más recorrido tuvieron los Asesinos del Ritmo, primero como teloneros de Los Comisarios y después tomando el relevo durante varios años y dando continuidad a la tradición de la verbena. A ellos sí recuerdo haberlos escuchado en alguna ocasión; a la primera formación, la de Juan, tengo que reconocer que no. Debió de coincidir con alguno de aquellos años en los que estuve algo más distante de Sigüenza.
Cambian los músicos, cambian las canciones y hasta desaparece aquel remolque de tractor convertido en escenario, pero algunas cosas permanecen.
La verbena ha sobrevivido al paso del tiempo y actualmente continúa celebrándose, manteniendo aquella misma tradición de que sean músicos de la propia Peña quienes se suban al escenario.
Ahora son Los Veloces, herederos de Hemoriders y Dueño del Desierto, bandas creadas en Sigüenza en torno al año 2000 y por las que pasaron también algunos músicos procedentes de Asesinos del Ritmo y Los Comisarios.

Los Veloces son Alfredo Arense, Luis Fernández Galiano, José Luis González Laguna y Miguel Rodríguez Canfranc. Cada uno mantiene sus propios proyectos musicales, pero una vez al año vuelven a juntarse para una cita muy concreta: la verbena de los Pepinillos.

Y detrás de todos esos nombres quedan unas cuantas historias. Hemoriders, por ejemplo, llegó a ser telonero de Pereza cuando el grupo comenzaba su andadura.
Desde aquel remolque de tractor hasta el escenario actual han cambiado muchas cosas. Músicos, repertorios, generaciones.
Pero cada año vuelve a ocurrir lo mismo: unos cuantos Pepinillos cogen sus instrumentos y la Peña vuelve a tener su propia banda.
Y nosotros, otra vez, nuestra verbena.
“ Pepinillos somos gente inquebrantable…
Se nos suele ver al amanecer empapaos en alcohol…”

Yo estuve en aquella primera verbena, metiendo y montando el remolque del Charly en la Plaza del Doncel. Había quien dudaba que el remolque pudiera entrar, que brutos éramos. Actuaban por primera vez para la peña, mi amigo del alma Chavi, Oso, Javier y Quino. Esa música Celta, el toque personal que le dieron a las canciones. ¡Cuántas buenas noches nos hicieron pasar! Será siempre, algo para recordar, con una sonrisa nostálgica
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