Ishizuke
Con el término ishizuke se denomina en bonsái al estilo en el que el árbol crece asociado a una piedra, adaptando sus raíces a ella hasta integrarla en el diseño.
La preparación de una planta para conseguir este estilo puede llevar varios años, ya que es necesario desarrollar unas raíces suficientemente largas y adecuadas para que, llegado el momento, puedan abrazar la piedra y continuar cumpliendo su función una vez realizado el trasplante. Como casi todo en bonsái, este desarrollo no es inmediato y necesita tiempo.
Cuando la planta está preparada y las raíces han alcanzado el desarrollo necesario, comienza el siguiente trabajo.

En primer lugar defoliamos el árbol para facilitar su manipulación y evitar dañarlo, ya que tendremos que desnudar completamente las raíces, eliminando cuidadosamente toda la tierra de la maceta en la que ha crecido hasta ese momento.
Al defoliar dejamos algunas hojitas en la parte apical de determinadas ramas para que funcionen como tirasavias, favoreciendo el movimiento de savia y ayudando al árbol a recuperar su desarrollo una vez instalado en su nueva posición.
Y entonces, como casi siempre en bonsái, toca tomar decisiones. Tenemos el árbol, pero hay que elegir la piedra y la maceta. Tres elementos que finalmente tendrán que funcionar como uno solo.
Con las raíces completamente limpias, vamos distribuyéndolas y adaptándolas cuidadosamente alrededor de la piedra, buscando su posición y procurando que el conjunto resulte natural.
Una vez decidido el frente y la posición definitiva, árbol y piedra se plantan juntos en la nueva maceta.
Este es mi último ishizuke, realizado este verano, en el mes de julio. Después de unas semanas, el árbol, un olmo, ya ha comenzado a desarrollar de nuevo buena parte de sus hojas y empieza a mostrar el aspecto que tendrá el conjunto.
La especie elegida: Olmo chino, Ulmus parvifolia.

La maceta es del ceramista Carles Vives y las indicaciones para realizar el trabajo, como tantas otras veces, de mi maestro Carlos Lázaro, de Bonsái Colmenar.
Ahora queda lo de siempre.
Tiempo, cultivo y dejar que el árbol haga su parte.
