Aquella tarde, al volver del trabajo, el cielo tenía una luz extraña. El halo del sol aparecía difuminado tras una especie de velo gris que no eran nubes y desde el coche no sabía interpretar con tino pero pensaba que la noche anterior había escuchado en la radio que se esperaba calima y una atmósfera cargada sobre el interior de la península, así que que sería eso. Sin embargo, intuía que había algo distinto.
Al llegar a casa y bajar del coche lo entendí de inmediato, al respirar aquella atmósfera.
Huele a quemado, a humo… y caen cenizas del cielo! Pensé que venía de la zona norte de Guadalajara con su incendio de hace 8 días ya en la Mierla, al fin y al cabo no estamos tan lejos.

Esta mañana el cielo había vuelto a lucir limpio y azul. Parecía que todo había pasado. Pero ahora, mientras escribo estas líneas desde el jardín de casa, vuelve a repetirse la misma escena. Desde hace un par de horas el viento ha cambiado de dirección, igual que ayer por la tarde, y el aire vuelve a traer un fino polvo de cenizas que se deposita lentamente sobre la mesa y el ordenador.
Resulta casi paradójico que ocurra precisamente mientras estamos escribiendo esta serie sobre los incendios forestales en Entrenudos.
Lo que llega hasta aquí ya no son las llamas. Ni siquiera el humo más denso. Es el residuo más ligero y, quizá por eso, el más simbólico: la parte del paisaje que el viento todavía puede transportar decenas de kilómetros después del incendio. Miserias de lo que fue un paisaje de valor.
Pienso ahora nuevamente en la Sierra Norte de Guadalajara, en La Mierla y en las laderas próximas al Ocejón. Pienso también en los incendios más recientes del suroeste de Madrid y de Ávila: Navaluenga, Aldea del Fresno, Pelayos de la Presa o Villa del Prado que se iniciaron ayer y están lamentablemente descontrolados.
Todos ellos comparten hoy un mismo cielo.
Las cenizas que ahora caen sobre esta mesa son una pequeña parte de esa historia. El último rastro visible de un paisaje que, durante unas horas, ha dejado de existir tal y como lo conocíamos.
Y no puedo evitar pensar que, cuando el viento cambia de dirección, también cambia nuestra forma de entender un incendio. Deja de ser una noticia lejana para convertirse, aunque solo sea durante unos minutos, en algo que respiramos, olemos y vemos caer lentamente delante de nosotros.
Triste destino.
Esta Crónica de un pueblo se escribó el pasado 24 de julio, volviendo de trabajar cuando los incedios de la Sierra Oeste de Madrid llevaban declarados menos de 24 horas y hacía 8 días que se habían declarado los de la Sierra Norte de Guadalajara.
Los incendios declarados en Guadalajara me impulsaron a investigar y a escribir después la Serie de Entrenudos sobre El Paisaje y los incendios.
El gran incendio de La Mierla, iniciado el 16 de julio en la Sierra Norte de Guadalajara, fue el mayor incendio forestal registrado hasta la fecha en Castilla-La Mancha. Durante los primeros días llegó a afectar a decenas de municipios, obligó a numerosas evacuaciones y movilizó un dispositivo extraordinario, incluida la UME. Su evolución posterior fue la siguiente:
- El incendio está oficialmente controlado desde el 3 de agosto, tras 19 días de trabajos continuados.
- Permanecen en la zona medios terrestres y personal de vigilancia para controlar posibles reactivaciones y rematar puntos calientes, una práctica habitual en incendios de estas dimensiones.
- Las condiciones meteorológicas de finales de julio (descenso de temperaturas, mayor humedad y menos viento) favorecieron decisivamente la consolidación del perímetro y permitieron retirar a la UME unos días antes.
- El dato más repetido en las últimas comunicaciones oficiales sitúa la superficie afectada en torno a 32.000 hectáreas, aunque las cifras fueron variando durante la evolución del incendio conforme avanzaban las mediciones.
En la Sierra Oeste de Madrid, tres incendios (Villa del Prado, San Martín de Valdeiglesias y Almorox), iniciados el 23 de julio, acabaron uniéndose en un único gran incendio forestal. Los principales datos son los siguientes:
Superficie afectada, aproximadamente 28.000 hectáreas en la Comunidad de Madrid (el conjunto del gran incendio, incluyendo la continuidad hacia Ávila, superó las 70.000 hectáreas). Pérdidas más destacadas:
- Más de 55.000 personas evacuadas o confinadas.
- 17 municipios afectados directamente.
- Daños en viviendas, explotaciones agrícolas y forestales, infraestructuras y un importante impacto ecológico y paisajístico.
- Declaración de Emergencia de Interés Nacional, una medida excepcional por la magnitud del incendio.
- El incendio quedó estabilizado a finales de julio y la emergencia ha remitido.
- En estos momentos la fase principal es la de vigilancia, evaluación de daños y planificación de la restauración, manteniéndose el seguimiento de posibles reactivaciones en algunos sectores. La prioridad ha pasado de la extinción a la recuperación del territorio y al análisis de las actuaciones futuras
Ambos incendios permanecen ya fuera de la fase de emergencia, pero abren ahora otra etapa mucho más larga y menos visible: la de la restauración del paisaje, la recuperación de los ecosistemas y la reflexión sobre cómo hacer nuestros montes más resistentes frente a futuros grandes incendios.
