De la dehesa al pueblo

Cada año la Virgen de Navalazarza realiza dos viajes que marcan, de alguna manera, el calendario de San Agustín del Guadalix.

En mayo, con El Taral, los vecinos acompañan a su patrona en una romería tradicional desde el pueblo hasta la ermita de Moncalvillo, en la dehesa. Allí permanece durante el verano.

En septiembre hace el camino de vuelta. Ayer regresó al pueblo. Como manda la tradición, la primera noche no la pasó todavía en la iglesia, sino en la capilla del cementerio, donde se celebra una vigilia en su honor.

Esta mañana ha vuelto a salir. Toda la comitiva estaba preparada: la Hermandad de Nuestra Señora la Virgen de Navalazarza, el alcalde y la corporación municipal, el clero, los quintos y el pueblo, fiel a sus tradiciones y devoto de su Virgen.

A pocos metros, en la rotonda de la Piedra de la Virgen, se celebra uno de esos actos que probablemente dicen bastante más de un pueblo que muchos acontecimientos aparentemente más importantes.

La Hermandad entrega el cetro al nuevo Hermano Mayor, realizando así el relevo para el siguiente año, recibe a sus nuevos hermanos y celebra la misa junto a la imagen en la rotonda.

Año tras año, después de la ceremonia, la Virgen continúa su camino hacia la iglesia, acompañada por toda la comitiva y por el pueblo engalanado para la ocasión.

Del pueblo al monte y del monte al pueblo.

Dos recorridos cada año que mantienen viva una tradición cuyo arraigo se pierde en el tiempo y que, generación tras generación, continúa marcando el calendario de San Agustín del Guadalix.

Ex Libris de Javier Montalvo con un martín pescador y el lema «Intensidad, en la lectura y en la vida.

¿Seguimos tirando de la cuerda?

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