Magüi, una niña de ocho años, espera su turno en la cola de la pescadería. Como siempre, ha preguntado quién da la vez y respeta el turno de las parroquianas más madrugadoras que ella.
Mientras espera, aparece otra mujer, al parecer no con demasiada prisa, que se dirige a la niña con acento andaluz:
—¡Guapa! ¿Me dejas pasar? ¡que tengo puesto el puchero!
Magüi la mira con cierto desdén desde su posición en la cola y contesta, resuelta y sin vacilar:
—¡…y mi madre, oiga, y mi madre!
