Portomarín-Melide 41 Km – 5 de agosto del 2016
Abrimos los ojos a orillas del Miño y partimos entre niebla hacia Santiago, fuerte subida por carretera ya que el camino está ocupado cerrando el paso a las bicis, por hordas de caminantes, cientos, que parece que han salido de debajo de las piedras.


Me planteo en esta situación si vuelvo a hacerlo, en otro mes y no éste. Creo que se ha puesto demasiado de moda y hay mucho mercantilismo de por medio. Hace diecinueve años, también en agosto, no había tanto albergue como ahora y yendo a la aventura, encontrabas cama o suelo donde pasar la noche sin problemas, y digo bien, suelo, porque dependiendo de la hora a la que llegabas a destino, encontrabas colchón o suelo. Tampoco era habitual el agua caliente como ahora y por supuesto no había taxis y transportistas de equipaje. Era una peregrinación, sin embargo ahora parece más, en las cercanías de Santiago, una romería y habiendo innumerables albergues, es difícil incluso encontrar asilo.


Seguimos y desayunamos en Ventas de Narón al final de la subida en el kilómetro 13 de la etapa, donde nos despedimos de la familia canaria, caminantes, con la que compartimos cabaña y conversación la noche anterior.
Repuestos, dirigimos las burras a Palas de Rei por caminos de tierra y piedras, a veces entre robles que forman un túnel natural de sombra y frescor que nos ayuda en la marcha.
La etapa ha sido dura por el sube y baja, que contribuye a algún pequeño motín pero salvado en Palas tras nuevo descanso y visitar la iglesia de San Tirso, donde sellamos las credenciales y algún peregrino del grupo dedica un tiempo a meditar.
Seguimos la ruta entre valle y alto para atracar una posada en la villa de Casanova, donde nos sirven sencilla comida casera sin siquiera mantel, pero de muy buena calidad.
Al sol caliente de las cuatro y tras esta comida hogareña, partimos a Melide para encontrar albergue.

