
Podemos disfrutar mirando, es uno de los mayores placeres que el ser humano puede poseer:
Paseo matinal, movimiento y silencio, tocamos la humedad del día, entre la bruma, abriéndonos paso descubrimos la calidez de los colores tempranos.
Y distraídos al final encontramos el negro, agua profunda, fría y negra.
Y desde una torre vigía, desde una atalaya percibimos serpenteante el ocre y el amarillo que discurre por el fondo del barranco.


Mayo 2008
