Siempre me ha creado admiración cualquier espectáculo en vivo. El directo refleja el esfuerzo y la calidad del artista, es una expresión cálida, que puede mostrar previsión e improvisación y sobre todo puede absorber al público al escenario y trasladarlo a tiempos o lugares lejanos, o cercanos.
Mario llega a Madrid en plena movida con el único fin de montar un grupo de música pop. Visita los centros rockeros de entonces sin demasiado éxito y acaba trabajando en el 33.
Con esta puesta en escena, escuchando la música de Mecano, tenemos tentaciones de marcharnos a los ochenta y recordamos como vivimos aquellos años.
Sin embargo, no conseguimos trasladarnos con demasiada fuerza, en esta ocasión no conseguimos entrar ciertamente en escena.
Junio 2008
